El diseño no lo es todo

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Este es el discurso inaugural para el curso 2016-2017 de la universidad especializada en diseño, ESDI. Espero que os guste, y os aviso: Es largo.

Me llamo Gina Tost, soy recién licenciada en Diseño Audiovisual por ESDI.

De hecho lo hice en dos tramos. Uno, haciendo Arte Electrónico y Diseño digital de 2002 a 2006, y luego, cuando vino la política con el plan Bolonia y me tocó homologarme el título pasando a ser Diseño Audiovisual, en el que me he graduado este año.

Os voy a confesar dos cosas:

1) Nunca me dejé una asignatura para septiembre.

2) Después de convencer a mi madre que quería estudiar diseño, pagar todos los años religiosamente la matrícula, asistir a todas las clases, hacer todos los exámenes, aprobarlos, etc… nunca he sido diseñadora. Y esto tiene una razón: Como diseñadora teórica soy bueníssima. Me encanta aprender y empollar. Pero como diseñadora, a la práctica…. Meh! Hay gente con tanto talento ahí fuera, que para qué iba a serlo yo? Llegado un punto decidí que lo que se me daba bien era la comunicación y el emprendimiento.

Si que es verdad que lo que he aprendido aquí lo he aplicado a un montón de cosas de mi carrera: Aquí en la pecera aprendí a programar, e hice un blog que fue una referencia mundial antes de que la mayoría de gente tuviese Internet (bad timming, lo llaman), cogí una cámara y aprendí a montar en estas salas de abajo y creé mi propio YouTube antes de la creación de YouTube, siendo una de las primeras Youtubers en español del mundo (antes nos llamaban videobloggers), y tengo que agradecer a Maya Creus que cada vez que voy a un museo de arte moderno me hago la interesante hablando de Duschamp, Man Ray, Marina Abramovic… Incluso me ligué a un chico con mis explicaciones museísticas, pero este es otro tema.

Gracias a mis conocimientos, mi empuje e Internet, durante muchos años de mi vida también he sido periodista especializada en tecnología, videojuegos y cultura digital. He trabajado para la televisión pública japonesa, la NHK, para Televisa México, para La Sexta, para Expansión, TVE, la página de videojuegos más importante del mundo, IGN, TV3 o Catalunya Radio.

De hecho, ya trabajando en Madrid le pregunté a mi director de revista si tenía que estudiar Periodismo. Él me dijo: “¿Para qué? Sabes redactar, citar y no cometes faltas ortográficas. Mejor sigue con algo que te aporte para saber de qué estás hablando”. Seguí su consejo, y esto me ha dado una ventaja competitiva enorme.

Os he dicho que nunca he sido diseñadora. Y bueno, lo soy de formación y sólo lo he hecho una vez (y creo que la más importante).

Siempre me dicen: ¿Tu qué eres? Y yo digo: Periodista. Pero luego me contestan: Tú no has estudiado periodismo. Ya. Pero yo he estudiado diseño y no me considero diseñadora: ¿Estudiar diseño te convierte en diseñador o diseñar es lo que te convierte realmente en diseñador?

Yo no hice periodismo, eso lo aprendí “en la calle”, pero me he dedicado muchos años a ello. ¿Si hubiese estudiado periodismo sería más periodista que ahora?

¿Qué soy? ¿Diseñadora o periodista? Pues depende. De formación soy diseñadora, y de práctica soy periodista.

Y además, ahora, soy empresaria.

Hace 3 años fundé una empresa llamada Geenapp que se dedica a promocionar aplicaciones móviles en todo el mundo y para todos los sistemas operativos.

Con mis otros dos socios vimos la necesidad de apoyar y ayudar a tener visibilidad a los propietarios de Apps. Cada día, se suben a iTunes y Google Play más de 2.500 apps. CADA DÍA. Imaginad lo difícil que lo tienen si quieren conseguir que alguien les conozca. Imaginad un pequeño desarrollador de Sabadell que quiera lanzar su producto en Singapur. ¿Por dónde empieza? Pues por nosotros es una buena opción. Además vamos a resultado. Independientemente de la cantidad de veces que se muestra un anuncio, nosotros vamos a la cantidad de usuarios que nos piden: Quieren mil, le conseguimos mil y cobramos mil. ¿Quieren un millón? Le conseguimos un millón. Eso para todos los sistemas operativos y todos los países del mundo menos corea del Norte y la Antartida. Básicamente porque ahí no hay móviles. Si los hubiese, lo haríamos también.

Y no, no somos una agencia de publicidad. Somos una empresa de tecnología que funciona con máquinas. Movemos millones de clicks y más de 30.000 campañas a diario con una sola máquina. Una máquina llena de algoritmos programáticos, operaciones matemáticas y código PHP y MySQL eternamente largo.

Una máquina es la que decide qué se muestra a quién. En qué orden. Con qué criterio. Los humanos de Geenapp solamente entrenamos a esa máquina para tener nosotros más tiempo libre y mejorar la conversión.

Después de 3 años programando en ESDI, evidentemente, no fui programadora y ni me atrevo a escribir una sola línea de código sin pensar que el sueldo de 20 personas depende de la perfección de ese código, pero esas clases aquí en la pecera me dieron los conocimientos necesarios para que, cuando me toca leer código, saber qué significa, entenderlo y saber si es limpio, si está ordenado, si está hecho por un buen o mal programador.

Sabéis cuando os preguntáis: ¿Y eso en la vida para qué me va a servir? Yo sabía que no iba a ser programadora. Para ello es mejor estudiar programación pura y dura.

A mi me sirvió para ser la directora general de una empresa de tecnología que ha salido en medios como Expansión, Techcrunch, o la revista Wired, que nos sacó como una de las grandes promesas del futuro de la tecnología.

Y no hablo de la programación solamente, hablo el diseño en general.

Ahora soy la directora general de Geenapp, pero yo empecé siendo una picateclas.

Fundamos tres: Jaume Ferré, que en ese momento llevaba toda la operativa, business plans, roadmap y relación con inversores, Javier Casares, que llevaba toda la parte técnica, y yo, que llevaba las relaciones con proveedores y clientes, además de facturación y administración… además de hacer el canguro de Jaume y Javi, porque no es fácil emprender y siempre salen problemas.

Cuando tocaba hablar de nuestros perfiles con los inversores, Jaime había vendido ya una empresa por 30 millones a un grupo empresarial de Canadá, Javier es una eminencia entre los nerds, que ha escrito libros y montado congresos, y yo… bueno, yo estudié Diseño en ESDI y hacía de periodista en algunos medios de tecnología. No sé si era mi mejor CV, pero ahí estaba yo demostrando que era necesaria en ese equipo.

Durante la primera ronda, fue bastante gracioso, porque alguno no me quería ahí. Pensaba: “La niña esta de la TV… ¿Qué va a aportar? No es el momento de enseñarle nada.”

En Mayo de este año cerramos una ronda de medio millón de euros con fondos internacionales. Están Telefónica, Caixa CapitalRisc y el fondo de Xavier Niel llamado Kima Ventures, que es el propietario de Free Mobile, la cuarta operadora francesa.

Por lo que somos una empresa tecnológica de Apps con dos operadoras de telefonía y uno de los bancos más potentes de nuestro país como accionistas.

Antes de empezar esta aventura en 2013, yo no sabía nada de inversores, pero leí mucho en blogs, Wikipedia y libros. Pregunté a mis amigos que se dedicaban a ello y tomé muchos cafés con gente que podía aportarme cosas.

Cuando tu vas “de tour” a visitar fondos para levantar una ronda tienes que llevar alguna documentación. Un PPT que explica qué haces y cómo lo haces. Y a mi se me da de fábula comunicar, pero es que además, tengo conocimientos de diseño.

¿Cuándo he sido diseñadora? Os dije al principio que sólo una vez. Pues esta vez. Y creo que la más rentable.

Una tarde, cogí todos los powerpoints de la empresa y les hice un lavado de cara. Pasamos de ser una startup de Barcelona a una empresa de verdad. Sólo cambiando tipografías, colores, estructura, tamaño de letra… Veías los powerpoints antes y después, y oye, ¡como diseñadora no soy tan mediocre cuando me lo propongo!

Incluso, mi socio, Jaume, me preguntó qué me había costado el rediseño de los powerpoints. Le dije que nada. Que lo había hecho yo en mis ratos libres. Y flipó. Entendió que no sólo era una picateclas, sino que podía cerrar rondas de inversión.

¡Y tanto si cerré rondas!

Cerramos la ronda en 2 meses, (tiempo récord), después de modificar esos archivos. Y comuniqué tan bien que uno de los fondos puso como condición que yo fuera la directora general de esa empresa a cambio de entrar en el accionariado.

Como había sido una picateclas, sabía cómo funcionaba todo y había estado en todas las partes de la empresa, era la mejor opción. Entendía la empresa desde dentro. Y sabía hacia dónde íbamos y cómo íbamos a lograrlo.

Para que veáis que aplicar algo de otra área, a una muy diferente, puede hacerla crecer exponencialmente.

Apliqué la mirada estética, ese ojo para saber cuando está bien o mal un diseño, a una powerpoint para una sala de señores de 50 y largos vestidos de traje con corbatas de El Corte Inglés.

El diseño es imprescindible en cualquier área. Y en una tan gris como esa, creo que es mucho más imprescindible.

Os dediquéis a lo que os dediquéis, diseñad.

Si yo no hubiese rediseñado esos archivos, nuestra empresa seguiría siendo una empresa de 6 personas, y no tendríamos el ojo de decenas de fondos de inversión y medios de tecnología encima. Sólo por cambiar 4 colores y poner orden. Cuando Jaume preguntó qué me había costado ese rediseño, le podría decir que medio millón de euros.

Pero recordad que el diseño no lo es todo. Que detrás hay otras cosas. Un buen diseño no sirve de nada sin un buen propósito.

Por cierto, aquellos que estéis en la sala pensando que soy una egocéntrica por ponerle mi nombre a mi empresa, que sepáis que no fui yo.

Justo cuando fundamos la empresa, a mi me cogió una embolia pulmonar que me dejó en la UCI durante 2 semanas y 6 meses de baja en casa. Tiempo record, teniendo en cuenta que la media de baja de esta enfermedad es de 2 años. Casi la palmo.

Mis socios, Javier y Jaume, estaban pensando qué nombre le iban a poner, y probando sus nombres (javierapps.com o jaimeapps.com) vieron que ginapps.com con dos ee’s en vez de una i estaba disponible.

Ahora mismo, cuando creas una empresa, que el dominio .com esté disponible es casi o más importante que el nombre de la propia empresa.

Y como yo estaba a punto de palmarla por culpa del “tromboembolismo pulmonar masivo bilateral”, pensaron que era una buena historia. Si moría siempre podrían decir a los medios que era en honor a una de las socias fundadoras que murió antes de ver florecer a su empresa.

Pero ahora imaginad la vergüenza que me da ir diciendo: “Hola, soy Gina de Geenapp”. La gente piensa que estoy loca.

Dicen los sabios contemporáneos que el mercado laboral está cambiando. Y no me refiero a que mis padres tenían un trabajo para toda la vida, nosotros tendremos un trabajo cada 5 años, y nuestros hijos tendrán 5 trabajos cada año.

Sino que esos sabios dicen que los nuevos profesionales tienen que tener competencias laborales muy diferentes a las que había hace unos años.

Por ejemplo, yo me quedo con la transdisciplinariedad: La capacidad para entender conceptos a través de múltiples disciplinas.

Dicen que el trabajador ideal de la próxima década es “en forma de T” ya que debe poseer un profundo conocimiento de al menos un área, pero también la capacidad de conversar en el lenguaje de una amplia gama de disciplinas . Esto requiere un sentido de curiosidad y una disposición a seguir aprendiendo mucho más allá la educación formal.

Vamos, que el concepto del hombre orquestra o renacentista se queda corto, y yo, sin querer queriendo, lo he ido aplicando desde que entré en el mercado laboral aplicando mis conocimientos sacados del colegio o la universidad con mis aficiones o lo que iba sacando de Internet.

No se si os ha pasado nunca, pero empezar navegando, y a través de un tuit o una actualización en Facebook, ir a Wikipedia a sacar más información de un tema, de ahí pinchar a una página web de alguien, llegar a una fotografía, buscar su autor, bichear el perfil de Linkedin de ese autor, buscar su libro en Amazon, volver a Wikipedia a ver si existen otros parecidos, abrir un vídeo de una ponencia suya… y pasarse horas y horas saltando de un enlace a otro leyendo, observando y mirando. Justo lo que os decía antes: Transdisciplinariedad: Entender conceptos a través de múltiples disciplinas.

Desde que yo empecé con el diseño en 2002 hasta ahora, ha cambiado radicalmente.

La democratización del uso de la tecnología, por ejemplo: Para hacer ese primer videoblog del que os hablaba al principio, tuve que ir al Fnac a comprar una cámara que grababa en 4:3. Y ahora mi teléfono puede grabar en 4K y cámara lenta de 240 fotogramas por segundo.

Recuerdo una de mis primeras entrevistas para la televisión cuando yo aun estudiaba en ESDI, y fue a un señor, Vicente Guallart, Arquitecto y el primer director del Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña. Él me explicó, en 2004, que tenía una impresora 3D para imprimir rocas de madera. Lo recuerdo perfectamente. Una máquina tan grande como un coche, en el que una pieza se iba moviendo arriba y abajo para crear eso, rocas de madera.

Yo me pregunté: “Para qué queremos rocas de madera?”
Y el me dijo: “¿Por qué no?”

Le interesaba que el ser humano pudiese crear lo mismo que la naturaleza, devolverle aquello que nos había dado intentando remediar nuestros errores pasados. También había creado árboles metálicos que generaban energía solar.

Esos árboles y esas rocas impresas funcionaban como bancos para sentarse en plazas y parques. Cuando uno veía lo que Vicente Guallart había creado gracias a la tecnología, daba gracias a su curiosidad y empeño.

Ya más reciente, en 2014, entrevisté a un joven creador de videojuegos llamado Carlos Coronado. Con 15 años había creado un mod para el videojuego de zombies de tiros en primera persona Left4Dead llamado Warcelona (y ambientado en Barcelona) y además en con 23 años, había ganado muchos premios con su videojuego Mind: Path to Thalamus, un videojuego de puzles en el que uno tenía que cambiar la naturaleza para seguir avanzando. Por ejemplo, tenía que colocar el sol en una posición determinada para que se viera la sombra de unas escaleras y poder subir al cielo donde había una niebla que tenías que disipar con aire. Muy inteligente, y uno de los últimos éxitos del panorama español de creadores.

A Carlos, de hecho, lo llaman “L’enfant terrible” de los videojuegos en nuestro país. Más que nada porque no se calla una.

Le pregunté de dónde había sacado la idea de su último juego y me dijo, sin tapujos, que quería huir de los zombies de Warcelona, quería algo tranquilo y que en clase de arte su profesora le había explicado el land art, una corriente del arte contemporáneo, que utiliza el marco y los materiales de la naturaleza como la madera, la tierra, las piedras, la arena, el viento, las rocas, el fuego o el agua.

En la entrevista le dije que yo también lo conocía gracias a Maya Creus (juro que ahí no estaba ligando), y me soltó: “No me jodas, tu también has ido a ESDI?”. Y de hecho, Mind, fue su proyecto final de Grado por el que sacó una matrícula, y además le ha dado suficiente para vivir tranquilamente, sacarse el PER y comprarse un barco.

El diseño se ha transformado. Y ha sido por culpa de la tecnología. Se ha vuelto más holístico e inmaterial. Dile a uno de los artistas del land art que su arte es ahora un videojuego descargado por miles de personas en todo el mundo. Que sus piedras y hojas son ahora operaciones matemáticas y texturas. Parece casi imposible trasladar un movimiento artístico tan tangible, estático y natural a algo tan artificial y aleatorio como un videojuego.

Gran parte de la producción de diseño de ahora es inmaterial, adaptativa, autónoma y personalizada.

Estoy segura que no es igual mi pantalla principal del teléfono que la vuestra. O mi escritorio en el ordenador. Algunos tienen cientos de apps o iconos desperdigados, y otros los tienen todos ordenados en carpetas y fuera de la primera impresión de pantalla cuando ponen la contraseña. Ese es el primer ejemplo que se me ocurre para explicaros que cuando en un futuro diseñéis lo que sea, pensad que no todo el mundo lo utilizará de la misma manera, y que es mejor así. Que cada uno se lo haga suyo.

Como cuando iba por el Mobile World Congress de Barcelona hace 3 años y todos los “guays”, esos señores con trajes, pintas de coreanos y acreditaciones colgando, llevaban las gafas de Google, las Google Glass. ¿Las recordáis? Debían de cambiar la historia de la humanidad y nuestro futuro. Ahora mismo sólo sirven para identificar a los que no se enteran de nada en el Mobile World Congress. Son una tecnología casi, retro.

Ahora está en auge la realidad virtual. Parece que todo deba ser en 360 o no ser. Esta nueva tecnología requiere de un lenguaje audiovisual nuevo. No podemos hacer lo mismo que hacíamos antes porque simplemente, no funcionará. De la misma manera que un programa de TV tradicional en YouTube no funciona o un youtuber en TV no engancha. Son lenguajes de comunicación diferentes.

En el vídeo de realidad virtual en 360 pasan varias cosas:

1) La sensación es de una pantalla enorme, eso hace que podamos girar la cabeza tanto como queramos que no se acaba nunca. Pero eso no significa que requiera que el usuario deba estar todo el rato moviendo la cabeza para saber cómo sigue la historia. No es una tecnología cómoda en ese sentido. He visto demos técnicas en el que hacen que pasen decenas de cosas simultáneamente creando sensación de agobio y sin que el espectador se entere de qué tiene que hacer o hacia dónde tiene que mirar, frustrando la experiencia.

2) Las gafas son pesadas, incómodas y si hace calor se llenan de vaho y no se ve nada. Tienes que quitarlas, meterle saliva, un paño, o soplar para volver a ver bien. Eso hace que no podamos ver películas de 2 horas seguidas con eso puesto. Nadie aguanta. El audiovisual en 360 debe ser corto. Imaginaros ver 3 horas de El Señor de los Anillos en 360. La muerte.

3) No llevan auriculares o sonido integrados. La montura de Samsung si, pero los buenos no. Y eso significa que para ponerte a ver algo en 360 debes: Conectar eso al móvil o al ordenador por cable, ponerte las gafas, adaptar las correas a la medida de tu cabeza sin ver nada, ponerte unos auriculares (también sin ver nada, recuerda que ya estás dentro de las gafas) y buscar el mando para darle al play. Y para salir, el proceso contrario. Y si alguien te habla mientras estas en ello, debe tocarte (con esa sensación incomoda de que tu ves una cosa, pero sientes otra) para levantarte el auricular o avisarte.

4) No existe el concepto “distancia”. Todo lo que ocurre en 360 ocurre muy cerca de nuestro cuerpo. Si jugamos a un videojuego de disparos, nos disparan a nosotros, no a nuestro personaje que está en la tele a cierta distancia. Si nos rodean, nos rodean de verdad. Nos pueden “tocar”. Eso genera agobio máximo al usuario y mucha gente no aguanta la presión de tenerlo todo tan cerca. Recuerdo jugar a un juego de terror con payasos en el que el corazón me iba a mil… y sólo era un juego de disparos como los que he jugado miles de veces a las tantas de la madrugada.

Estas son sólo 4 cosas que comporta el audiovisual en 360 en mi experiencia con ello. Y eso que sólo estamos en el inicio de la tecnología de realidad virtual.

La realidad virtual no es nueva. Nintendo, por ejemplo, ya lo intentó en 1995 con la Virtual Boy, un dispositivo creado por Gunpei Yokoi, el mismo creador de la Game Boy… y que fue un desastre! No era 360, era 3D monocromático en rojo y negro.

De hecho, mirad cómo son los japoneses, el tipo que catapultó a Nintendo gracias a la Game Boy dimitió cuando creó la Virtual Boy porque no había tenido el éxito esperado. Eso parece inimaginable en nuestro país. Pues Gunpei Yokoi decidió dimitir porque la Virtual Boy, decían, era incómoda, producía dolores de cabeza, forzaba la postura (tenías que poner las gafas sobre una especie de trípode encima de la mesa y de ahí inclinarte hacia delante) y no gustó al mercado.

No se si alguien sabe quién es Palmer Luckey, pero este chico, con 18 años en 2011, quiso reinventar la realidad virtual en el garaje de sus padres. No le gustaba ninguno de los dispositivos que había en el mercado para ver la realidad virtual y decidió montarse el suyo propio con piezas que compró por Internet: Así creó las Oculus Rift. Ahora mismo, se le calcula una fortuna de 700 millones de dólares. Pero eso no es todo. Palmer nos ha cambiado la vida a todos nosotros porque nos ha metido un nuevo cacharro que transforma completamente el lenguaje audiovisual.

Pero él sólo ha puesto la herramienta. Al final, somos los creadores los que tenemos que meterle el contenido dentro porque sin contenido, eso sólo son hierros sin alma.

Antes hablábamos de la Game Boy. ¿Por qué nos gusta esa consola? O, esperad, vosotros sois bastante más jóvenes que yo.

(Aquí cambio la slide y pongo una PlayStation)

¿Por qué os gusta la PlayStation? ¿Por su alto rendimiento? ¿Su capacidad de procesos? ¿Su velocidad de lectura de disco? NO.

Os gusta por Ico, Shadow of the Colossus, os gusta por Last of Us, Final Fantasy, Uncharted, Metal Gear, Crash Bandicoot, Spyro The Dragon. Os gusta por el software desarrollado a medida para esos hierros. Ese software es el que le da el alma y la personalidad. Lo que nos produce buenos recuerdos. Sin eso, la consola se hubiese quedado en hierros, y en cambio forma ya parte de la cultura de nuestra historia.

Pero el arte, la cultura y el diseño no tienen que entretener solamente. Es importante que la transformación se produzca también de una manera más profunda, como por ejemplo, en unos zapatos o un termómetro.

He conocido a dos emprendedores. Uno de dedica a los zapatos y otro al textil, y los dos quieren cambiar el mundo de otra manera.

La emprendedora que conozco tuvo un bebé, y vio que además del típico termómetro electrónico para medir la fiebre del bebé, o los de oído, había unos bodys que en la axila llevaban un sensor para medir la temperatura corporal, ideales para trackear cómo está la criatura sin tener que despertarla. Pero la mayoría de bebés no duermen con los brazos hacia abajo, se mueven y cambian de postura. Así que creó unas fibras inteligentes que por un lado cambiaban de color con la temperatura, y por otro mandaban la señal de la temperatura al móvil. Así que no sólo no despiertas al bebé para saber cómo está, sino que no tienes que estar en la misma habitación. Por cierto, el sensor lo puso en el pié y no en la axila. Chica lista.

El de los zapatos, les ha metido un chip para que los ciegos puedan saber cómo llegar a los sitios que no conocen sin tener que pasar la vergüenza de preguntar: “Oiga señora, ¿voy bien por aquí?” Que nos da vergüenza a todos. Les meten la dirección en su Smartphone, este se conecta por los zapatos vía bluetooth, y cada vez que el usuario debe girar a la derecha, el zapato derecho vibra. Si debe hacerlo a la izquierda, el izquierdo vibra. Y si se confunde, los zapatos emiten una vibración particular para que dé la vuelta. Smart Design.

Y luego hay cosas menos sociales o con menos storytelling, como webs responsive que se adaptan al tamaño de la pantalla, señalización en estadios que cambian según el evento que se hace o del aforo, marketing digital que se adapta a la red social en la que se encuentra, etc.

A mi lo que me gusta es ese tipo de diseño que no se nota al usuario, que no necesita de un experto para usarse, que es universal.

Por ejemplo, cuando usas un Windows y te aparece un mensaje de error, siempre sale del mismo tipo: “Error número 426. Contacte con su administrador de sistemas”. Y si eres tú tu administrador de sistemas, estás jodido porque no sabes qué tipo de problemas es el 426.

En cambio, en un Mac, los mensajes de error son “humanos”: “Ha habido un problema. Su proyecto se ha salvado, pero su ordenador debe reiniciarse. Pulse aceptar”. Es un mensaje de empatía. Alguien que sabe que al otro lado hay alguien histérico pensando si su trabajo de 300 páginas va a salvarse o qué puede hacer para seguir adelante. No para un informático.

Incluso Windows ha aprendido de Apple y en sus últimas versiones del sistema operativo, los ha vuelto más humanos. Incluso le ha puesto un Smiley, para que veamos que ellos también sienten empatía hacia nuestro sufrimiento.

En el nuevo sistema operativo de Apple iOS 10 hay una funcionalidad de la que nadie ha hablado, y a mi me encanta.

No hablo de la doble cámara con sensores potentes de luz para espacios con poca luminosidad, un procesador más potente o un botón home diferente (cosas que han salido en análisis tecnológicos de grandes expertos). Hablo de que algo más útil.

Sabe dónde has aparcado el coche sin que tú se lo digas. La capa de tecnología está tan bien aplicada que no se requiere de intervención humana para que se aplique correctamente. Funciona sin que se lo digáis.

¿Sabéis cuando estáis en un parking o en la calle que vais con el mando pinchando el botón para ver qué luces se iluminan y saber dónde está aparcado vuestro coche? Pues eso mismo, pero sin pinchar nada.

Tu le preguntas: Siri, ¿dónde he aparcado el coche? Y Siri te lo dice. Sin que tu se lo hayas guardado antes. Sin que tú le digas nada. Ni una pista. ¿Cómo lo hace?

Cuando entras en el coche y tienes el bluetooth conectado, se conecta al manos libres. Estos tienen unos identificadores únicos que Apple ha clasificado como “automóvil”, por lo que cuando lo desconectas porque aparcas y sales, Siri se guarda la localización de la última vez que se conecto a ese identificador de un vehículo, y de esta manera puede saber dónde lo aparcaste.

Parece sencillo, pero así es como funcionan las mejores cosas: cuando el usuario no ve que por delante hay un diseño muy trabajado. Una capa de tecnología invisible.

Dicen que está todo inventado. Mentira.

Cuando Jobs se sacó de la manga el iPhone, no inventó un teléfono. Inventó un ordenador móvil que cambió la manera con la que nos relacionábamos con una él. Dejó los lápices y empleó el dedo para su pantalla capacitativa. Deslizar, tap, doble tap, zooms con dos dedos… Años antes había intentado una tienda de música que cambió el paradigma de la industria que hasta entonces había vivido de la compra de álbumes enteros. Con iTunes permitía la descarga de una canción solamente, poniéndolas todas a un mismo precio: 1 dólar. Y como se ve que con eso no tuvo bastante inventó otra tienda que permitía la descarga de Apps, pequeños programas informáticos, desarrollados por cualquier persona o gran corporación para todo el mundo, cargándose las empresas de publicación y distribución. Pim pam pum. Y todo en menos de 7 años.

¿Y Jobs a qué se dedicaba? ¿Era empresario? ¿Diseñador? ¿Productor? ¿Creador? No. Jobs era uno de esos perfiles del nuevo milenio: Era transdisciplinar. Aplicaba conceptos de un lado al otro, aplicando múltiples capas de disciplinas diferentes para adaptarlas a solucionar algo que el consideraba que merecía ser mejorado.

Metió la pata bastantes veces. Era marrano, maleducado e intransigente, pero era un buen profesional. Él siempre decía, “stay hungry, stay foolish” que sería el equivalente a decir que siempre tengas hambre y seas inconformista.

Yo voy un poco más allá. Además de inconformistas, por favor, sed insaciables.

La próxima vez que alguien os diga que estáis perdiendo el tiempo viendo Memes por Internet o navegando sin rumbo por la red, testeando Apps de fingir que cantáis, jugando a cambiar vuestras caras en Snapchat con filtros o leyendo un artículo de cómo estamos pelando mal los plátanos porque los chimpancés lo hacen del revés, decirles que os estáis preparando para vuestro futuro.

El sentimiento más común cuando alguien sale de la universidad es “no estoy preparado aun”. Yo también lo tuve. Y llevaba muchos años trabajando ya.

Abrir Photoshop y saber crear capas inteligentes es una buena teoría, pero hasta que no te pones a diseñar tu primer cartel para el Proyecto de Final de Grado, y ves que la cosa es en serio, no te das cuenta de la importancia de lo que tu sabes previamente. De todo lo que has visto, olido, oído, tocado y amado además del Photoshop.

Aprender no termina en el aula. Al contrario, empieza en el aula y sois vosotros los que tenéis que encontrar lo que os motiva para ir siguiendo el hilo.

Aquí no os van a solucionar la vida, pero os van a dar las primeras herramientas para que cuando salgáis, ya sea a las 6 de la tarde o en el último curso, sigáis explorando por vuestra cuenta.

Leed. Id a museos. Coleccionad algo. Jugad con niños o con la calculadora a poner palabrotas con los números. Cuidad un huerto urbano. Jugad a videojuegos. Id al teatro, a conciertos. Aprended un idioma. Tened aficiones raras.

Conocí una chica que coleccionaba sábanas y otra varitas de Harry Potter. Están locas. Las adoro. Las dos ahora trabajan en mi empresa y son las mejores haciendo su trabajo en el departamento de Quality.

Antes de entrar en mi empresa, en la entrevista de trabajo, siempre termino preguntando: ¿Y tú, qué afición rara tienes? He oído de todo. Y nunca me he fiado de alguien que me dijera: Yo es que soy normal. No tengo nada raro. MENTIRA.

Tampoco os fiéis de aquellos que sólo estudian, porque sólo van a saber de una cosa, y cuando entren en el mercado laboral estarán perdidos. Si podéis, trabajad de algo, aunque sea sirviendo copas o trayendo cafés. Si no encontráis nada, buscaros vosotros el proyecto. Haced algo más.

Entrevisté a un chico para mi empresa que llevaba 5 años “esperando encontrar trabajo de lo suyo”. No me acuerdo lo que había estudiado, no creo ni que importe. Le pregunté qué había hecho en esos 5 años desde que terminó la carrera hasta que llegó a mi despacho. Me dijo que esperar. Me contó orgulloso que vivía con sus padres y que no le hacía falta trabajar.

¿Qué tipo de actitud es esa? ¿Os gustaría tener a vuestra empresa alguien que espera durante tanto tiempo? ¿Que no tiene inquietudes? Imaginaros estar en el lado de la persona que os va a dar un trabajo, o de un compañero de trabajo.

Desde entonces, cuando leo un currículum, intento ver qué hizo mientras estudiaba una carrera. No me digáis que no tenéis tiempo. Que hay muchos deberes y trabajos. Los hay. Pero hay tiempo para todo. Una actitud de alguien que sólo estudia, es una actitud de alguien cómodo. Entre alguien que sólo estudia y otro que estudia y ha hecho canguros, o mailings, o clases particulares, elegid ser la persona que tiene el culo inquieto.

No os conforméis con lo que os den aquí o fuera de aquí, pero tampoco esperéis que nadie os de más. No tienen porque hacerlo.

La verdadera vocación sale de dentro. De todo aquello que un día, tirando del hilo, empezamos leyendo en algún sitio y terminó siendo nuestra marca personal, nuestra huella profesional.

Hoy habéis decidido dedicaros al diseño. Pues un secreto: El diseño no lo es todo, pero es suficientemente transversal para que sea vuestro punto de partida.

Muchas gracias.

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Discussions — 2 Responses

  • sr.diox 13 Octubre 2016 on 10:46

    Imaginate que estoy aplaudiendo
    🙂

    Pd.-Aunque no este de acuerdo con tu percepccion de Steve Jobs(mis razones tengo).

  • Carme 13 Octubre 2016 on 11:48

    Et llegeixo des dels teus inicis i crec que és el primer cop que comento :D. Felicitats per tot el que has aconseguit, m’encanta el discurs! Tan de bo el llegeixi molta gent jove i universitaris. Una abraçada!