La oficina de La Caixa

money

He sido de La Caixa toda la vida. Desde que nací me abrieron una libreta del Súper3 (el club de niños que más mola del mundo) y no he parado.

La oficina de delante de mi casa me ha visto crecer, aunque no ha visto crecer mucho mis ahorros. NORMAL. Soy esa generación que vivirá un poco peor que sus padres, pero que resiste a base de currar como nadie.

Cuando me fui a vivir a Madrid me buscaron un notario en pleno mes de agosto para que en 24 horas tuviera el aval que necesitaba para mudarme de piso. Ese es sólo un pequeño ejemplo.

Siempre me han tratado bien… Hasta que me cambié de piso y de oficina.

Cuando me mudé al piso en el que estoy ahora, mi oficina en la que sacaba dinero del cajero o canjeaba los Puntos Estrella era la que tenía delante de casa.

Al principio todo bien: La directora de la oficina me prometió no cobrarme comisiones, me prometió no cobrarme las tarjetas de crédito… me prometió, casi casi, amor eterno. Pero no fue así.

Al cabo de unos meses empezaron a cobrarme comisiones absurdas, a cobrarme por las tarjetas de crédito y a ponerme problemas con cosas tontas como recoger unas sartenes que había comprado con los Puntos Estrella que conseguía con mis tarjetas de crédito. Cosas muy tontas pero que me ponían de muy mala leche.

Un ejemplo es el día en el que iba con prisas y muy cargada con el casco de la moto, el ordenador, bolsas, guantes, el bolso, el móvil… y me hizo firmar un papel tonto. Como la firma no salió perfecta (obvio) me dijo que tenía que repetirla y que (cito) «se parezca a la del DNI, no ese muñón que me has hecho». SEÑORA, ¿¿no ve que no tengo manos con las que agarrar el boli y el papel??

La directora de esa oficina se encargó de cambiar su sonrisa por una cruzada contra mi buen humor.

Terminé sacando el dinero de esa oficina y cerrando la cuenta. BYE BYE.

Aun guardo una pequeña cuenta en La Caixa, pero todo lo hago en la otra oficina, donde el trato es otro, pero no es lo mismo. Esa señora se ha encargado de arruinarme la experiencia y cuando entro ahí siempre voy con pies de plomo. Como si fuera una víctima con un síndrome post-traumático.

Se que La Caixa es un banco caro, se que pueden mejorar en muchas cosas, pero el trato era inmejorable y es algo que pocos bancos pueden competir. Pero esa señora se encargó de que odiara a la empresa. Ella sola se ha cargado más de 20 años de antigüedad de un cliente a base de ir a por mi para cumplir objetivos.

¿Y a vosotros también os pasan estas cosas? ¿Os sentís números? 🙁

¿Me hablas a mí?

gente

Tengo cara de «hablame aunque no me conozcas de nada». Me explico:

El otro día iba por la calle hacia la universidad con mi vestido rojo valentino y mis botas negras altas. Como tengo 15 minutos andando antes de subirme al tren, quería pisar la calle con fuerza y no parecer la cutre de siempre.

Delante del Starbucks de plaza Universidad, siempre hay un montón de bicis por la acera que hacen que se haga el efecto embudo. Allí una señora con abrigo de pieles (buaj!) se me pone delante y me suelta:

– Es que me parece muy bien que la gente vaya en bici, por la contaminación y eso. Tu ya me entiendes (¿?). Pero que no vayan por la acera, porque no me dejan pasar, y puedo tropezarme y hacerme daño.

Yo me quedé callada, y fingí entender lo que le pasaba a la señora. Pero no abrí la boca y seguí mi camino.

Llegué al tren que iba para mi clase, justito justito pero entré de un salto al vagón, me senté, cerré los ojos y… ya tenía a un abuelo que se me había sentado delante y me miraba con cara de querer conversación. Giré tanto la cara de golpe, que casi me rompo el cuello.

– El tren va muy rápido, pero no tanto como el ave. ¿Sabías que he ido en ave últimamente?

– … (esperando conversación) … no, lo siento, no lo sabía.

– Pues si si! Me llevó mi nuera… i bla bla bla bla…

La cagué. Le respondí. Pero me parecía ser muy maleducado no responderle a ese señor que me había hecho una pregunta directa. Al final, bajó del tren, no sin antes cogerse a una mujer del brazo para bajar las escaleras ya que noseque le pasaba en la pierna después de una operación. No sé esa historia. La mía era la del ave y la nuera.

Evidentemente, luego vino otro señor mayor a sentarse en el mismo sitio que el anterior. Pero «el nuevo» me ofrecía una fotocopia con poesías que habían escrito «los viejecitos de su residencia» por 2 euros… (y ahora viene lo mejor)… para pagar la fotocopia!!! 2 euros la fotocopia???? En ese momento preferí mil veces al antiguo viejo con su historia del ave.

Fin del trayecto.

Llegué a la universidad, y mientras me dormía en clase pensé ya en escribir este post. De mayor no quiero estar tan sola para tener que hablarle a desconocidos. Ups!

AUDIO: The Kinks – Sunny Afternoon

Movimiento derechista en cintas tranportadoras y escaleras mecánicas

MDLN

Hace un par de años, fui a Londres como buena turista para disfrutar de todo lo que inventan para recaudar algunas libras esterlinas (véase el London Eye).
Lo curioso de todo fue el metro, que por antiguo que fuera, sabias que no estabas en tu país, solamente viendo a la gente.

Los londinenses son educados, amables, y no te miran a los ojos, ni hacen comentarios sobre tu sombrero, tu amiga fea o el grano de tu frente.

Tienen una educación innata, casi genética. Lo llevan tan a dentro que si eres extranjero te parece incómodo y raro. No estamos acostumbrados. Hasta los indios que habitan en la capital, tienen ese aire londinense que hace que quieras hacerles una reverencia cada vez que te cruzas delante de ellos o les compras fish and chips.

A lo que iba, sales del metro y ves esas largas y empinadas escaleras mecánicas. Lo más curioso es que los londinenses se colocan a la derecha para los que suben las escaleras mecánicas «a pie» vayan subiendo sin tener que ir esquivando a gordas, viejas y maleducados, como pasa en España.

Ir en transporte público ya es de lo más humillante y asqueroso como para que al salir tengas que ir esquivando a la gente y que estos te miren mal porque los «adelantas» en esas escaleras del metro a las 7 de la mañana.

Desde ginatonic propongo el Movimiento Derechista de Liberación Popular, el MDLP.
Algo tan simple como colocarse a la derecha cada vez que te dejas arrastrar por las escaleras mecánicas y dejar la izquierda para los que suben más deprisa.

Para no tener que cabrearte con el vecino, apoya MDLP y sigue con el ejemplo!
Mirad el Coro de Quejas de Helsinki que se inscribe a la propuesta. Somos un movimiento internacional.

AUDIO: Roger Sanchez – Lost

Como crear pánico siendo una Barbie

chicle

Los retrasos de Renfe hacen que conozcas a la gente, que hagas migas con ellos. Tanto tiempo allí embutidos como sardinas hace que lleguemos a tenernos cariño los unos con los otros. Ya sabemos eso de que el roce hace el cariño, pues más o menos ocurre con la gente del tren.

El otro día, volviendo de mi universidad en Sabadell, no era ni mucho menos una hora punta, pero como siempre «nuestros amigos de Renfe» ayudaron a ese buen humor matinal con un retraso importante en sus líneas.

Esto propició que una chica vestida de rosa por «Rams 23» consiguiera pillar mi tren con su amiga la acoplada y el amigo el peluquero.

No quiero decir, ni mucho menos, que tenga algo en contra de esa marca o que me fijase en ella por culpa de su ropa de color «Rosa-blanco-rosa», pero su manera de hablar sí que propiciaba que tuviese que girarme cada vez que abría la boca. Un espécimen impresionante.

Fue llegar y empezar a moler. A continuación detallo un trozo de conversación que mis oídos pudieron escuchar. Tengo que decir que esta conversación se tiene que leer como si tuvieses una turbina a reacción al lado. Es decir, gritando a pleno pulmón para que todo el mundo se entere.

Vestidaporbarbie: ¡Dios! ¡Hay una bolsa sola en este vagón!
Acopleitor: No te preocupes, debe ser de alguien.
Vestidaporbarbie: ¡No, no, no! ¡Es una bomba! ¡Yo me bajo! ¡Yo me bajooo!
Acopleitor: ¿Como va a ser una bomba?

Aquí pensé que su amiga no era tan acoplada y podía ser que incluso fuera ese trozo de cerebro que le faltaba a la chica.

Acopleitor: Además, si explota lo hará en Barcelona, y nosotros nos bajamos antes.
Vestidaporbarbie: Ya… pero ¿y si explota antes? ¡Yo me bajo, yo me bajo!

En ese momento, antes de que sus gritos empezaran a crear pánico entre los pasajeros y tuviésemos una avalancha humana bajando en Cerdanyola, un extranjero cogió la bolsa y se la metió entre las piernas.

Vestidaporbarbie: ¿Es suya esa bolsa?
Buenhombre: ¿Por qué no iba a serlo?
Vestidaporbarbie: Porque hay una bomba… ¿no? ¿Qué hay en la bolsa?
Buenhombre: Si no quieres lavarme los calcetines no te lo enseñaré. Es una bolsa de gimnasio, por lo que está mi ropa sucia… ¿Me la vas a lavar ahora?

La chica se calló al momento… bueno, más a menos… a los dos segundos ya hablaba del pelo de su amiga a pleno pulmón y pudimos todos ver como no tenía hechas las mechas desde hace meses.

Lo que se aprende en estos sitios, ¿verdad?

Antes del 11M no teníamos esta psicosis y la verdad es que entiendo que alguien se pueda sentir intimidado por una bomba en un tren. Lo que no comparto es su manera de «explicarse al mundo», con gritos y malas maneras.

También digo que yo soy ese hombre y hubiese dicho antes que la bolsa era mía antes de llegar tan lejos. Mis calzoncillos con frenazo no le incumben a nadie, ¿no?

No pasé miedo pues no era día 11 y no creo que repitan procedimiento. Solo por la situación estúpida ya sabía que nada malo iba a ocurrirme… ya era bastante humillante tener a un chicle gritándome al lado.

Como el estilo de diálogo está copiado de este blog que me encanta, voy a dedicarle el post de hoy. A ver si así ve que no tenemos escapatoria: Está lleno de gilipollas por todas partes, haya o no un contrato por delante.

AUDIO: Mika – Happy Ending